tito allen !No canta como nadie y nadie canta como él!!


























No canta como nadie y nadie canta como él

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
En su niñez estudió arte dramático, pero prefiere cantar salsa, aunque también domina el rock, pues se asomó a la escena musical precisamente en la era de la Nueva Ola.
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Tito Allen aún canta en los tonos originales que utilizaba al iniciar su carrera. (Foto suministrada)
Su nombre es Roberto Romero. Tito Allen para los salseros. Y tras poco más de cuatro décadas de su abrazo a la fama con el disco “Indestructible” de Ray Barretto, sigue activo recorriendo el mundo y cantando en los tonos originales de sus grandes éxitos.
Referente vocal para Willie Colón y otros artistas, Tito Allen es dueño de una de las voces más melodiosas y brillantes de la salsa. No canta como nadie y nadie canta como él. Original y punto. Hoy, sin embargo, escasea el taller.
“Ya no se hacen tantas grabaciones. Ha bajado un poco lo del ‘coaching’, pero siempre aparece alguien. Me llaman, aunque no me gusta mucho grabar canciones que no me agradan. Soy muy selectivo, pero también he comenzado a declinar las ofertas porque uno no se puede quemar”.
Y es que tiene en agenda la grabación que vendría a ser su primer disco en casi 23 años, tras el cedé “Clase y sabor” que le produjo y editó el sello Musical Productions del difunto Tony Moreno.
“Es un proyecto mío. Ya no hay casas disqueras como antes y las que hay no te quieren pagar lo que tú te mereces. Por eso voy trabajando poco a poco. Ya me falta poco por terminar la grabación. He balanceado lo que he hecho con Barretto, MP y lo que hice como solista con Fania”.
Próximamente viajará a Colombia y entre la lista de temas sugeridos por el promotor se encuentra “Maldades”, de su primer disco solo con Alegre Records, distribuido en 1975. Son temas que en Puerto Rico ni los toca la radio ni Tito los canta en sus presentaciones en vivo.
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En 1975 Tito Allen grabó “Maldades” para el sello Alegre. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)_
“Me han pedido hasta la canción ‘Cantar’, de la producción que hice con el sello de Ray Castro, uno de los muchachos del Conjunto Clásico. Una vez fui a Colombia y me preguntaron si había llevado ‘Matunga’ porque la piden mucho en Colombia. Son temas que casi nunca canto”, explica Tito, a quien también llamaron para una contratación en Lima, Perú, reiterándole que no olvide el arreglo de “Qué guille”, que grabó con Tito Gómez y Tito Rojas con el MP All Stars.
Tito Allen conserva los arreglos de casi todo el repertorio que ha grabado durante su carrera. Los arreglos los paga la disquera. Luego que finaliza la sesión de grabación el cantante retiene las partituras.
“Cuando trabajaba con Fania, Louie Ramírez, Luis Cruz, Marty Sheller y Perico Ortiz iban al estudio. Y cuando se terminaba de grabar yo me llevaba los ‘scores’ y los arreglos. Se supone que un cantante esté pendiente de eso. La última vez que fui a Puerto Rico fue en noviembre y allá tengo dos maletas de arreglos que tengo que buscar”.
La realidad es que Tito Allen, como otros legendarios exponentes del género, son mucho más solicitados en países como Colombia y Perú que en Puerto Rico. Aquí, aclara, siente que la gente lo quiere y respeta.
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Su fanaticada en Colombia y Perú aún le solicitan temas del álbum “Feliz y dichoso”. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)
“Cuando me ven en la calle me saludan y conversamos. En cuanto a los bailes, no sé qué pasa. Pero las veces que he ido no hay problema. Yo no estoy quemado en Puerto Rico. Cuando me anuncian, la gente responde, tal vez porque recuerdan la época de Barretto y de mi disco ‘Feliz y dichoso”.
Sin embargo, otro es el cantar en Colombia. Ciudades como Cali, Bogotá y Medellín desayunan, almuerzan y cenan salsa. En Puerto Rico, si acaso, la expresión se ha convertido en un entremés de fin de semana. “Es increíble. Voy para Medellín ahora. Cali ni se diga y Perú no tiene comparación”.
En el Festival del Callao, en Perú, intervino el cuerpo de gendarmes cuando cientos de fans llegaron al vestíbulo del hotel para saludarlo y solicitar su autógrafo. Allá los salseros son historiadores.
“Un joven, como de 17 años, me dijo: ‘Maestro’, y me mostró una libreta donde tenía anotadas todas las grabaciones donde yo hago coro, muchas de las que yo no me acordaba. Cuando se lo voy a devolver, me dijo: ‘Maestro, esto es para usted’. Y me puso a pensar que en países como Perú saben mucho más que uno. En Panamá, también es una cosa increíble”.
Como curiosidad, Tito recordó que cantó en el Día Nacional de la Salsa de La Z, edición 2015, y que saludó a decenas de peruanos, ecuatorianos y colombianos que suelen viajar a Puerto Rico para presenciar dicho evento. “Es una alegría cuando se toman fotos contigo y te piden el autógrafo. Es muy halagador”.
Su "Tributo al Maestro" junto a Rafaelito Cortijo fue seleccionada una de las producciones más sobresalientes de 1992 por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (archivo F.N.C.P.)
Su “Tributo al Maestro” junto a Rafaelito Cortijo fue seleccionada una de las producciones más sobresalientes de 1992 por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (archivo F.N.C.P.)
De hecho, si una vez la salsa se patentizó en Nueva York y se proyectó al Planeta, la Ciudad de los Rascacielos hoy ha perdido su primacía salsera porque no hay escenarios donde bailar. “Cuando entré con Barretto en 1973 esto era increíble aquí. Manhattan, el Bronx, Brooklyn y Queens tenían salones de baile que abrían los siete días de la semana. Ya no es así. Ahora no hay donde bailar”.
Y es que el género ha perdido arraigo como negocio. Ya no existen disqueras como Fania; empresarios como Jerry Masucci ni promotores como Ralph Mercado. La industria ha cambiado y, comercialmente hablando, en la Babel de Hierro pocos invierten en la salsa.
“Bueno, hay sitios que han cerrado. En el verano se ven conciertos en Orchard Beach, que se llenan, y en la 3ra Avenida del Bronx, pero son conciertos gratis. Sitios, como El Corso o El Hipocampo, donde te pagaban por cantar, ya no los hay”, recordó Tito, quien siempre le vivirá agradecido a Ray Barretto y a Masucci por la confianza que depositaron en su talento.
La ausencia de un relevo, empero, sí le preocupa porque no se observan en el horizonte nuevas voces que le den continuidad al legado de iconos como Maelo, Lavoe, Cheo, El Conde, Frankie y Celia. “Dios no lo quiera, pero si se muere, como ley de vida, Adalberto Santiago o me muero yo, como va a suceder, no sé qué sucederá con el género. Pero todo cambia. Es ley de vida”.

Quien ve a El Niche, que disfruta mucho las películas por cable y satélite, tanto así que pasa largas horas frente a la pantalla digital, no se imagina que ya cumplió 70 años.
El cantante se mantiene activo en el quehacer musical. (Foto suministrada)
El cantante se mantiene activo en el quehacer musical. (Foto suministrada)
Proyecta juventud, vitalidad y, especialmente, conserva su voz en plenitud de condiciones porque nunca se maltrató. “Uno se conserva. Depende de cómo uno se trata. Nunca me he maltratado. Le doy gracias a Dios por los padres que me dio porque siempre me orientaron y me decían que tuviera cuidado con esto o con lo otro. Que si la droga, que si aquello. Sus consejos se me grabaron en el corazón”.
Una noche, durante su etapa con Barretto, se presentaron en Broadway 96. En el servicio sanitario los fanáticos lo saludaron. Hubo uno que le ofreció droga. “Me le quedé mirando y le dije: ‘Yo no uso eso. Estás equivocado conmigo. No hago esas cosas. Si quieres, vamos a la barra y me puedo dar un vodka con tónica. Él me pidió perdón”, confesó Tito, quien cumplió 70 años el pasado 1 de mayo.
El secreto de la longevidad de su efectividad vocal e interpretativa radica en su disciplina. A estas alturas, terminó diciendo, los ejercicios de vocalización son tan sagrados como cuando irrumpió a la escena de la Nueva Ola en la década de 1960.
“No he tenido que ir a copistas para que me bajen dos tonos. Eso es mi orgullo. Hice ‘Indestructible’ en 1973 y lo sigo cantando igual. Todo lo que tengo está en los mismos tonos. Uno no se puede matar mucho. A mí me ofrecieron un trabajo en Medellín y otro que hubiera conllevado correr de un avión a otro. No acepté. Yo me cuido. Cuando subo a la tarima me gusta que mi voz se escuche diáfana y clara. Eso lo único que cuesta es descanso, buen cuido y ejercicios vocales. Si por la noche no tengo que ir a la calle a nada, me quedo en mi casa. Es la disciplina de cuidarse”.

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